Senderismo, materialismo, realidad virtual y narcisismo

Materialismo / inmaterialismoLejos de despertar nuestro interés, las cosas materiales tienden a generar en nosotros desconcierto, una actitud narcisista y una sensación de aislamiento. El término que definiría mejor esta actitud podría ser “inmaterialismo”, es decir, falta de materialismo. Cuanto más avanza la tecnología, lo cual es en sí positivo, más se desarrolla el inmaterialismo, y esto es negativo.

La correlación anterior quizá explique las reservas que le inspiraba a Einstein el progreso tecnológico. Las máquinas nos esclavizan cuando dependemos de ellas sin comprenderlas, una vez que nos han aislado de la realidad y nos han vuelto ineptos. Siempre que olvidamos hacer una pausa para demostrar curiosidad por el mundo, la premura y la incertidumbre empiezan a dominar nuestras vidas.

Ben Irvine, Einstein y el arte de montar en bicicleta,
Ediciones Siruela, Madrid, 2016, pág. 51.


Esa curiosidad por el mundo se despierta, según Irvine, montando en bicicleta, aunque no únicamente con ello. Nosotros pretendemos despertarla con el senderismo: caminando por la naturaleza, escuchando los sonidos del viento, las aves y los insectos, respirando el olor de las plantas y los animales, observando paisajes y observándonos a nosotros mismos. Toda una multiplicidad de experiencias al alcance de nuestros pies y a salvo de las prisas urbanitas.

Pero hay que salir de casa y dejar aparcada la tecnología, hay que salir del vehículo, dejarlo aparcado y, quizá también, haya que dejar aparcado al ego, al Narciso que llevamos dentro, para poder disfrutar de la naturaleza y de la materia (olores, colores, texturas).

Esta es otra forma de entender el materialismo; es lo contrario a la realidad virtual, al crédito bancario y a la hipoteca, como tristemente han descubierto muchas personas.

No es materialista aquel que pide un crédito para comprarse un deportivo o una gran casa, casi tan grande como su ego; es un esclavo de la imagen igual que lo era Narciso, esclavo de una apariencia, en vez de amigo de una realidad material que muta, se transforma con el paso del tiempo y, sí, se termina marchitando como se marchitan las flores que nos deleitan en nuestros paseos.

Os animamos a que lo probéis: salid al campo, al monte… Comulgad con la naturaleza.

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