Paciencia

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caracolesY es que anda muy escasa la virtud de la Paciencia. Entendamos por paciencia, no sólo una virtud que en ocasiones de la vida cotidiana nos hace resistir las pequeñas molestias, sino más bien una actitud total y armónica ante la vida que nos hace acomodar nuestros impulsos y nuestros deseos a la monotonía del tiempo (a esa monotonía riquísima, madre de toda virtud y de todo buen pensamiento que nos parece tan prosaica). Sencillamente: la Paciencia es el arte de no coger la pera antes de tiempo y de saber cultivarla”.

(Rafael Sánchez Ferlosio: http://www.filosofia.org/hem/194/alf/ez0503.htm).

Hoy vamos a hablar de la paciencia, un tema, concepto o virtud, que tiene mucho que ver con el anterior, el del autocontrol, es más, podríamos decir que la paciencia es una de las manifestaciones del autocontrol. Sanchez Ferlosio habla de la paciencia necesaria para poder llevar a cabo largas tareas donde la consecución de resultados sea a largo plazo. Cultivar una pera puede llevar varios meses durante los cuales habremos de realizar ciertos trabajos y esperar, sobre todo esperar. Las prisas son enemigas de la paciencia, mas para cultivar esta Paciencia, con mayúsculas, quizá sea bueno empezar por cultivar las pequeñas paciencias haciendo frente a las prisas del día a día.

Una de las causas más comunes del estrés (ya lo hemos dicho anteriormente) son las prisas a que nos somete la vida diaria. Pero… ¿de verdad es la vida la que nos somete a las prisas? ¿O somos nosotros mismos los que nos sometemos a ellas voluntariamente? Si quedamos a comer con alguien a las 14:00 horas en un punto de la ciudad al que tardamos en llegar una hora, ¿por qué salimos de casa a las 13:30? Eso supone tener que ir deprisa y agobiados, amén de hacer esperar a la otra persona, la cual por su parte se impacientará, de modo que luego puede haber caras largas.

Vamos conduciendo con prisas (siempre con prisas) y nos encontramos de repente en un atasco. Se nos acelera el corazón y la respiración, aparece un nudo en el estómago… Y sin embargo no podemos hacer nada por evitarlo… Por evitar el atasco, queremos decir.

pacienciaEstas son situaciones “normales” en las que las respuestas de estrés están, hasta cierto punto (pero sólo hasta cierto punto) justificadas. El problema está en que el número de estas situaciones es bastante elevado y, por ello mismo, la respuesta se generaliza a la mayoría de situaciones en las que se produce un contratiempo. “Contra-tiempo”: contra el tiempo que normalmente se tarda en hacer algo. Si tardamos media hora en llegar de casa al trabajo, coger un atasco es ir contra esa “marca” de tiempo y como vamos con la hora pegada… Pillar un atasco es, siempre y en todo momento, un fastidio, una situación de la que queremos salir; una situación, en definitiva, estresante. Pero también es una situación ideal para poner a prueba nuestra paciencia. El atasco nos brinda la oportunidad de reconsiderar la situación y de extraer algo positivo.

Evidentemente la paciencia consiste fundamentalmente en esperar, pero no esperar de cualquier modo, haciéndonos mala sangre (decía Rousseau que “la paciencia es amarga, pero sus frutos son dulces”), por ejemplo, sino con una actitud positiva, aprovechando ese tiempo (durante el que esperamos) para leer, para realizar una llamada, para escuchar música, para pensar en otra cosa que no sea el tiempo de espera o, simplemente, para observar las cosas y la gente a nuestro alrededor… Incluso para no hacer nada. ¿Por qué hemos de estar siempre haciendo algo?

La paciencia es una virtud escasa hoy en día, precisamente por todo lo dicho, porque vamos muy deprisa: salimos del trabajo y hemos de recoger al niño en el colegio… ¿Es que no habíamos pensado en la posibilidad de que algún día llegásemos tarde? Hay situaciones que es mejor prever o prevenir. Si no podemos llegar tarde al trabajo, quizá convenga llegar media hora antes (podemos tomar un café antes de entrar).

SlowAdemás, luego existen ciertas actividades de la vida diaria que exigen un ritmo lento, nada de prisas, por ejemplo comer, el sexo, la lectura… Existe un movimiento social, el movimiento Slow, uno de cuyos teóricos es Carl Honoré, que pretende imprimir un ritmo más lento a todas estas actividades que necesitan realizarse lentamente, tomándonos el tiempo justo. En estas actividades no debería hacer su aparición la impaciencia. Aunque hoy en día es esta una asignatura pendiente para casi todos nosotros. Yo, por mi parte, intento trabajarla: en los atascos, a la hora de esperar en restaurantes y otros comercios, al dormir a mi niño… Y no es fácil hacerlo cuando llevamos años y años bajo la tiranía de las prisas, pero hay que intentarlo.

Quizá la solución también pueda venir por el proponernos realizar menos cosas al día o por tratar de gestionar nuestro tiempo de una manera más eficaz. Sobre lo primero no hay mucho que decir, sobre lo segundo tendremos que dejarlo para más adelante.