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“Quien quiere vengar las ofensas mediante un odio recíproco vive, sin duda, miserablemente. Quien, por el contrario, procura vencer el odio con el amor  lucha  con  alegría  y  confianza,  resiste  con  igual  facilidad  a  muchos hombres que  a  uno  solo,  y apenas necesita  la  ayuda  de  la  fortuna.  Si  vence, sus  vencidos  están  alegres,  pues  su  derrota  se  produce  no  por  defecto  de fuerza, sino por aumento de ella”.

(Espinoza, Ética, IV, prop. XLVI, escolio)