Volver a comenzar

La única alegría en el mundo es comenzar. Es hermoso vivir porque vivir es comenzar, siempre, a cada instante. Cuando
falta esta sensación -prisión, enfermedad, rutina, estupidez- uno quisiera morir.

Y por eso cuando una situación dolorosa se reproduce idéntica -parece idéntica- nada vence su horror.

[…] hay más rutina en la experiencia a toda costa (cfr. el feo «viajar a toda costa»), que en el normal encarrilamiento aceptado debidamente y vivido con entusiasmo e inteligencia. Estoy convencido de que hay más rutina en las aventuras que en un buen matrimonio. Porque lo propio de la aventura es conservar una reserva mental de defensa; por lo cual no existen buenas aventuras. Es buena la aventura a la cual uno se abandona: el matrimonio, en suma, incluso los hechos en el cielo [?].

Quien no siente el perenne recomenzar que vivifica una existencia normal y conyugal es, en el fondo, un necio que, por mucho que diga, tampoco siente un verdadero recomenzar en cada aventura.

La lección es siempre una sola: lanzarse de cabeza y saber sufrir la pena. Es mejor sufrir por haberse atrevido a obrar en serio, que acobardarse, retirarse (o escurrir el bulto). Como en el caso de los hijos: lo exige la naturaleza, por lo demás, y echarse atrás es de cobardes. Al final -ya se ha visto- se paga más caro.

Cesare Pavese, El oficio de vivir, 23 de noviembre de 1937.

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