Serenidad del alma (Montaigne)

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Lo que nos cuentan de los del Brasil, que solo morían de viejos, lo cual se atribuye a la serenidad y tranquilidad de su aire, atribúyolo yo más bien a la tranquilidad y serenidad de su alma, libre de toda pasión, pensamiento y ocupación tensa o enojosa, como gentes que pasaban sus vidas con admirable sencillez e ignorancia, sin letras, sin ley, sin rey, sin religión alguna.

¿Y de dónde viene eso que sabemos por experiencia, de que los más toscos y burdos son más fuertes y ardientes en los actos amorosos, y que el amor de un arriero es a menudo más aceptable que el de un hombre galante, sino de que en éste la agitación del alma turba su fuerza corporal, la interrumpe y fatiga?

Así como también fatígase a sí misma […]

¿Deseáis un hombre sano, lo queréis equilibrado y en firme y segura disposición? Dadle tinieblas, ociosidad y tosquedad.

Montaigne

Michel de Montaigne,
“Apología de Raimundo Sabunde”,
Ensayos, libro II, cap. XII, págs. 494-495.
Ed. Cátedra, Madrid, 2010.

Ummm… Me pregunto yo qué opinarían de este texto Machado, Lorca o Buñuel.