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Futas del bosqueEn la marcha uno disfruta de esos momentos de placer puro, con ocasión de ciertos encuentros. El sabor de unas frambuesas o unos arándanos, la calidez del sol en verano, el frescor de un arroyo. Algo que no habíamos conocido nunca antes. La marcha permite así, como brillantes llamaradas, que se abra paso en nosotros la posibilidad de sentir, en cantidades discretas: unos pocos encuentros de sendero en sendero.

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La alegría es otra cosa, menos pasiva y más exigente, menos intensa y más completa, menos local y más rica. En la marcha se experimenta también la alegría entendida esta vez como el afecto vinculado a una actividad. En el fondo, encontramos la misma idea en Aristóteles y Espinoza: la alegría como acompañamiento de una afirmación.

Frédéric Gros, “Los estados del bienestar”, Andar. Una filosofía,
ed. Taurus, 3ª ed., Barcelona, 2015, pág. 151.