Sé fiel a ti mismo

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tristeza, amargarseLas puertas de acceso a la vida desdichada llevan unas indicaciones áureas. Formularon estas indicaciones el sentido común, sin duda, el alma sana del pueblo o hasta el instinto por lo que acaece en lo profundo. Pero, al fin y al cabo, el nombre que se dé a esta habilidad admirable es muy secundario. Se trata fundamentalmente de la convicción de que no hay más que una sola opinión correcta: la propia. Una vez que se ha llegado a esta convicción, muy pronto se tiene que comprobar que el mundo va de mal en peor. En este punto se distinguen los profesionales de los aficionados. Estos últimos llegan a lograr encogerse de hombros y resignarse. En cambio, el que es fiel a sí mismo y a sus principios áureos, no está dispuesto a ningún compromiso barato. Puesto a escoger entre ser y deber, disyuntiva importante que ya se trata en los Upanishads, se decide sin titubeos por lo que el mundo debe ser y rechaza lo que es.

Paul WATZLAWICK, El arte de amargarse la vida,
ed. Círculo de Lectores, Barcelona, 1989, pág. 9.