El deseo de sufrir

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cristoA cualquier nivel que transcurra nuestra vida, no será verdaderamente nuestra más que en proporción de nuestros esfuerzos por romper sus formas aparentes. El hastío, la desesperación, incluso la abulia, nos ayudarán a ello, a condición siempre de hacer la experiencia completa, de vivirlas hasta el momento en que, a punto de sucumbir, nos erguimos y la transformamos en auxiliares de nuestra vitalidad. ¿Qué hay más fecundo que lo peor para bien saber desearlo? Pues no es el sufrimiento lo que libera, sino el deseo de sufrir.

E.M. Cioran, Adios a la filosofía, Ediciones Altaya, Barcelona, 1995, pág.79.

¿Donde está, pues, la diferencia entre la autenticidad y la pose?