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Ya hemos dicho anteriormente (en otras pinceladas) que para mantener sana la mente es necesario mantener sano el cuerpo, y para esto hay que mantener unos hábitos saludables: cuidar la comida, no abusar de las drogas (alcohol, tabaco…) y realizar ejercicio. Sobre las drogas trataremos más adelante, hoy toca hablar del ejercicio.

La mayoría de nosotros vivimos una vida sedentaria en un cuerpo “diseñado” para la acción, para la lucha y la huída, y es que, fisiológicamente, no nos diferenciamos en nada de los antiguos cromagnones. Si no nos ejercitamos, nuestros músculos y huesos se debilitan. De todos modos, mucho antes de ese debilitamiento llegan las sensaciones de pesadez y anquilosamiento, sensaciones que no teníamos de niños, cuando lo que hacíamos era correr de acá para allá. La mayoría achacará esas sensaciones a la edad, pero ya lo decía el anuncio: “no pesan los años, pesan los kilos”; “y la inactividad”, añadiríamos nosotros. Esas sensaciones provocan cierto malestar, mal humor, a veces imperceptible, que actúa como base para que nuevos contratiempos aumenten ese malhumor. Sin embargo, sentirnos ágiles y en forma mejorará nuestro humor. ¿No es mejor enfrentarse a la vida con buen humor?

No obstante, la vida sedentaria suele ser estresante, pues siempre vamos con prisas a todos los sitios (aunque sin correr físicamente), la gente (el jefe, el conductor de delante…) nos saca de quicio, etc. El estrés consiste en una respuesta fisiológica frente a una agresión (real o imaginada) que nos prepara para la acción (se segregan hormonas, adrenalina, fundamentalmente, que envían información a todo el cuerpo para que la sangre abandone ciertos órganos e irrigar los músculos, para captar más oxígeno, para agudizar los sentidos…); pero esa acción de respuesta no termina de producirse porque somos personas civilizadas (no conviene saltar al cuello del jefe). A lo largo del día, o de los días, se van acumulando pequeñas cantidades de estas hormonas que terminan por “volvernos locos” y saltamos ante el primero que nos tose, nos sale una úlcera o aparecen contracturas musculares (de la tensión). De aquí que el ejercicio sea bueno para descargar la tensión. Aunque lo ideal sería no generarla, para lo cual existen métodos de relajación. Los ejercicios recomendados para estos casos son los aeróbicos. Y dado que a nosotros nos interesa pensar sobre la marcha los deportes más recomendados son aquellos aeróbicos que no exijan demasiada complejidad, por ejemplo, correr, montar en bicicleta, hacer senderismo, etc.

Además el ejercicio hace que nuestro cuerpo genere endorfinas, que son otro grupo de hormonas que producen un bienestar físico. Es por eso por lo que a veces nos sentimos tan enganchados a hacer ejercicio, el cual vendría a ser como una droga; los psicólogos modernos lo llaman vigorexia; por eso recomendamos que el ejercicio que se realice sea moderado, ya que el problema de sufrir vigorexia y, por lo tanto, anteponer la realización del ejercicio a cualquier otra actividad necesaria o preocuparnos si un día no hemos podido entrenar, es que no lograremos aquello que perseguimos, que es sentirnos bien.

Por otro lado, y como ya hemos dicho anteriormente, la práctica asidua de un ejercicio o deporte  requiere del ejercicio de nuestra voluntad, pues no siempre estaremos suficientemente motivados. Es este ejercicio de la voluntad y, consecuentemente, su fortalecimiento, uno de los mayores beneficios que nos proporciona el deporte, pues de nuestra voluntad dependerá todo aquello que queramos conseguir y que necesite de un trabajo persistente como realizar unos estudios, montar una empresa, cuidar a los hijos…

“Cuando yo era niño, conocí a un hombre que reventaba de felicidad y cuyo trabajo consistía en cavar pozos. Era extraordinariamente alto y tenía una musculatura increíble; […] Su felicidad no dependía de fuentes intelectuales; no se basaba en la fe en la ley natural ni en la perfectibilidad de la especie, ni en la propiedad común de los medios de producción, ni en el triunfo definitivo de los adventistas del Séptimo Día, ni en ninguno de los otros credos que los intelectuales consideran necesarios para disfrutar de la vida. Se basaba en el vigor físico, en tener trabajo suficiente y en superar obstáculos no insuperables en forma de roca.”

(Bertrand Russell, La conquista de la felicidad).

Una idea en “Ejercicio físico o deporte”

  • Caramba no sabia yo que “Toni” era tan “viejo” como para que Bertrand Russell le estuviera viendo cavar dos metros de profundidad, seguidos, sintiendo felicidad tanto cuando cavaba, como cuando al fin encontró la tubería de desagüe que “buscábamos” . Bien Paco.

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