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El oscurantismo, el fanatismo y la superstición me producen horror. Tampoco me gustan el nihilismo y la indolencia. La espiritualidad es demasiado importante como para dejarla en manos de los fundamentalismos. La tolerancia, un bien demasiado precioso para que la confundamos con la indiferencia o la molicie. Nada sería más nefasto que dejarnos arrinconar en un enfrentamiento mortífero entre el fanatismo de unos (sea cual sea la religión de la que se reclamen) y el nihilismo de otros. Es preferible combatirlos a todos sin confundirlos y sin caer en sus defectos.

André Comte-Sponville, El alma del ateísmo, Ed. Paidós, pág. 16.